Quizá algún día abrirás los ojos por la mañana y lo primero que pensarás es como es, de agradable, el tacto de las sábanas sobre tu cuerpo y de la almohada bajo tu cabeza; lo bien que se está, en la cama, y cuanto te gusta comenzar el día con una sonrisa… ¡adiós, mal humor porqué sí y para empezar!

Quizá algún día dedicarás unos momentos antes de levantarte a planificar el día: “obligaciones por aquí… obligaciones por allá… ahora un hueco… ahora he de ir a tal sitio… ahora otro hueco… ahora he de ir a tal otro sitio…” y te darás cuenta de la de oportunidades y razones que tienes para mantener esa sonrisa, para ti, por lo bien que la luces y para el mundo que te rodea, que la espera y agradece… ¡adiós, perspectiva negativista!

Quizá algún día te meterás en la ducha y, por momentos, tus sentidos cobrarán importancia y secuestrarán esa atención tuya que normalmente va destinada a la anticipación de acontecimientos posiblemente negativos y a demás preocupaciones y descubrirás, focalizando en ello, la temperatura del agua y su tacto al impactar sobre tu piel, la textura y olor del jabón, el sonido de las salpicaduras en la cerámica y la mampara, con esa sonrisa como testigo privilegiado… ¡adiós, inercia rutinaria!

Quizá algún día te fijarás en el espejo y verás al otro lado una maravillosa sonrisa que denota predisposición positiva e invita al acercamiento como guinda del pastel de un cuerpo que alberga toda la belleza y atractivo que otorgarías a cualquier otro cuerpo y que, por supuesto, tiene aspectos que te gustan menos, con los cuales no por ello dejas de estar de acuerdo, dado que los mejorarás en la medida de lo posible con motivación y esmero… ¡adiós, imagen distorsionada!

Quizá algún día, desayunando, te darás cuenta de que eres más exigente contigo que con el resto y que eso no es justo, por lo que ese día, antes de valorar algo, te preguntarás si la conclusión te produce bienestar o no y la tomarás en cuenta o descartarás en consecuencia; supeditarás esa valoración a la suposición de si el veredicto sería el mismo de llevarlo a cabo otra persona o, en su defecto, tú lo aplicarías a otra persona… ¡adiós, sesgos propios del ánimo bajo!

Quizá algún día te permitirás escuchar la vocecita que proviene de algún rincón escondido dentro de ti y que te dice que eres capaz de todo y que no es soberbia el pensarlo ni egoísmo el priorizar tus esfuerzos en conseguir todo aquello que te propongas o que te propongan, dado que está enteramente en tus manos lograrlo… ¡adiós, inhibición!

Quizá algún día te des cuenta de que hoy es ese día.

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