¡Ya está aquí! Ya se respira, ya se siente: ¡llega el buen tiempo! Sol, calor, luz, días que se alargan y tal vez noches que también lo hacen, a pesar de ser más cortas… ¡Ya es la hora! Toca coger fuerzas y prepararse para formar parte de ese curioso efecto masivo, anual, bautizado como “operación bikini“. Angustia, prisas, urgencias, estrés: “¡Hay que lucir cuerpo en la playa! ¿Llego a tiempo? Ay, ay, ay, estos excesos…”. Tómate unos segundos. Respira. ¿Lo hablamos?

¿Hay algo negativo en la voluntad o la pretensión de gustarse y gustar? ¡En absoluto! Sin embargo, es positivo siempre que el proceso para llegar a ello sea asumible y no angustioso y se sustente en una pauta estable todo el año, basada en hábitos de vida saludables enfocados al bienestar físico y, por extensión, psicológico; en definitiva: mientras no se persiga con soluciones express que llegan tarde y mal, como dietas poco planificadas o urgencias a la hora de hacer ejercicio, que solo pueden aportar frustración al no verse los frutos por no haber respetado los tiempos adecuados para poder obtenerlos (si quieres un árbol y plantas hoy la semilla… ¿esperarías irte a dormir y encontrártelo crecido al día siguiente?

Si tu objetivo es, pues, sentirte bien… ¿por qué no llevarlo a cabo cada día, todo el año, cada año? ¡Motívate! Sonríe y desglosa y planifica los pasos necesarios para llegar a tu meta; prepárate una serie de objetivos a corto plazo a modo de impulso para afrontar el siguiente y busca pequeños cambios inmediatos, en tu día a día y a tu alcance, que te aporten grandes diferencias en adelante. Empieza, por ejemplo, siguiendo las primeras premisas diarias:

– Haz ejercicio (¡”un poco” es más que “nada”!)

– Modera o suprime el consumo del alcohol

– Evita o reduce dulces, azúcares o frituras (¿qué tal más fruta?)

– Di adiós al coche y hola a la bicicleta (en desplazamientos urbanos -¡para empezar, cuanto menos!-)

– Camina un poco cada día (aparca a un paseo de casa o del trabajo, margina al ascensor)

– Duerme por la noche y vive el día.

En todo caso, pero, antes y más importante que todo ello, revisa la percepción que tienes de ti mism@ y añádele un pequeño matiz: acéptate; conócete y encuentra tus puntos positivos o agradables y reconócete y disfruta de tus virtudes y atractivos, sin reprocharte posibles debilidades, carencias o aspectos menos de tu gusto, al contrario: hazlos tuyos y, por lo tanto, controlables; conviértelos en mejorables según tu voluntad y capacidad y no en un lastre que te limita.

No se trata de ser perfecto, sino de ser perfectamente tú.

Y recuerda que sólo necesitas dos cosas para lucir cuerpo en la playa:

1) Tener cuerpo

2) Ir a la playa

¿Te ayudamos?