Cuando leas estas líneas, pregúntate: “¿Cómo está yendo el día?”. “Prisas”. “Estrés”. “Rutina”. ¿Alguno de estos términos está presente en la respuesta? ¿Tienes la sensación de no parar de hacer cosas o de tener la cabeza llena pensamientos? Hagamos un experimento: si te pregunto “¿Qué estás haciendo?”… ¿qué me dirías? Si la respuesta no es exclusivamente “leyendo”, déjame presentarte una nueva herramienta que tienes a tu alcance para su uso desde ya: mindfulness.

El término mindfulness hace referencia a tener la mente llena… pero no de ideas, preocupaciones, miedos, etc. sino de la vivencia del momento, prestando atención al momento presente, a lo que estás haciendo, pensando y sintiendo ahora, en una actitud abierta y sin juzgar ni valorar. Se trata, pues, de dejar a un lado el piloto automático ¡y ser consciente de la vida que vives a cada segundo!

¿Cuántas veces has hecho las cosas automáticamente? ¿Cuántas veces has reaccionado de una manera que, después, te ha hecho pensar que no era la más adecuada? Lo que se propone es tomar conciencia de las señales físicas que acompañan la experimentación de las emociones.

¿Qué hacer?

Observa: focaliza la atención simplemente en darte cuenta de lo que sientes (al andar, correr, comer…) y lo que piensas (qué imágenes/pensamientos te vienen a la cabeza…).
Describe: no valores la vivencia; es la que es, no hay que pensar en causas, consecuencias, etc.
Participa: ¡métete de lleno a la actividad! Presta atención a la situación, ¡no al antes o al después! Y lo que hagas, sientes, pienses… que sea lo que hagas, sientes o piensas, totalmente (si lees, lees: el resto de cosas o ya ha sido o ya llegará)

¿Cómo hacerlo?

No juzgues: no evalúes las cosas como “buenas” o “malas”, puesto que si lo aplicas a personas puedes acabar tomando las cosas al pie de la letra y confundir, por ejemplo, el que alguien sea “mal@” por haber hecho algo “malo” (cuando quizás ha sido un error puntual)
Focaliza: haz una cosa en cada momento, ¡y préstale total atención! No quiere decir que no puedas hacer otras cosas, sino que mantengas completamente tu mente en lo que hagas cuando lo hagas.
Se efectivo/va: ¡haz lo que funciona! ¿qué es lo que funciona? Lo que te sea positivo o beneficioso para tu bienestar; quizá no es lo que quieres, pero es lo más adecuado (por ejemplo, no responder a una provocación: el cuerpo te lo puede pedir, pero te ahorras aumentar el malestar con la discusión posterior).

Se trata, pues, de integrar en tu día a día el que las cosas cotidianas pueden ser una fuente de bienestar, por más que lo hayamos olvidado por ser frecuentes. ¿Cuánto hace que no disfrutas de una ducha (la temperatura y tacto del agua, el olor del jabón, etc)? ¿Cuánto hace que no prestas atención al aspecto y la gente del barrio y del día que hace y lo disfrutas, de camino a comprar el pan? ¿Cuándo fue la última vez que no pudiste evitar sonreír, sin más?

¡Regálate cada momento!

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