Imagina que doblas por la mitad una hoja de papel 100 veces sobre si misma. ¿Qué grosor aproximado dirías que tendría, una vez doblada?

Para el día a día es posible que a menudo recurras a la intuición, pero… ¿qué es? Podríamos definirla como esa percepción clara e inmediata de una situación; una idea que surge sin ningún esfuerzo cognitivo voluntario/consciente o un razonamiento lógico estructurado… es decir: aparece sin más. Eso sí: de acuerdo con el sentido común o esa capacidad cognitiva para valorar de forma razonable, lógica y válida una situación en función de tu contexto cultural. ¡No está mal!

Todo ello es, sin duda, una herramienta práctica para resolver conflictos, para tomar decisiones o para cualquiera que sea la exigencia de tu entorno pero… ¿hasta qué punto es fiable? A pesar de su condición “automática” o “involuntaria” y de los condicionantes externos (acontecimientos del entorno o contexto), la intuición nace de tu estado emocional pasado y presente. Por lo tanto, tiene una base personal y particularmente tuya, por lo que hará que “así veas las cosas”… tú. ¿Se atisba la parcialidad?

Por otro lado, cuando ha pasado “algo” (acontecimiento), tendemos a modificar el recuerdo de la opinión que teníamos al respecto antes de que sucediera en favor del resultado final: un proceso conocido como sesgo retrospectivo (el fenómeno “ya lo decía yo” o “se veía venir”). ¿Te ha pasado alguna vez? Son ejemplos temas como una ruptura sentimental, un accidente, un atentado, la crisis económica…

Así pues, de la misma manera que no tenemos oportunidad de tomar (¡ni causar!) dos veces una primera impresión, el hecho de que la intuición pueda entenderse y explicarse en base a lo comentado implica que pongamos en duda la creencia de que “si lo he pensado, es que es correcto”. Este sesgo cognitivo, esta manera de pensar tan común como errónea, puede dar lugar a malentendidos, por lo que hay que tener presente la opción de ser flexibles, es decir, poder “reubicar” nuestros pensamientos y las decisiones tomadas, dado que a menudo las cosas no son como son, sino como somos y que ser o haber sido de una determinada manera no quiere decir tener que continuar siéndolo en adelante; que pensar, hacer y sentir “como siempre he hecho” no significa seguir pensando, haciendo y sintiendo “para siempre”.

Ah, por cierto: si doblamos una hoja de papel de 0’1 mm de espesor 100 veces sobre si misma conseguiríamos un espesor total equivalente a 800 mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol.

¿Seguro que tu sentido común o la intuición son del todo fiables?

¡Abre la mente!

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