Suena la alarma, ¡toca levantarse! Te incorporas… y, de alguna manera, percibes que el día no pinta del todo bien: “no tengo ganas de nada“, “no tengo fuerzas“, “no puedo“… La cuestión es: ¿el día es gris? ¿O es una percepción tuya? ¿No será que lo estás pintando con un pincel mojado en el tintero de tu estado de ánimo?

¿Qué es el ánimo? ¿Lo has pensado alguna vez? Veamos: entendemos por estado de ánimo aquel estado afectivo que se mantiene en el tiempo a pesar de que no necesariamente surge en respuesta a algo concreto y que puede ser patológico siempre que genere malestar, a ti o a tu entorno. Las emociones, en cambio, son reacciones particulares motivadas por acontecimientos concretos, es decir, siempre tienen causa definida aunque no necesariamente conocida. Es decir: “vienen por algo”. Sin embargo, a diferencia de lo que entendemos por estado de ánimo, las emociones no son estables en el tiempo, esto es: “vienen y se van”.

No obstante, es necesario tener presente que, si bien tienen fecha de caducidad, las emociones se autoperpetúan: cuando una emoción se activa se auto y retroalimenta. ¿Cómo? Cambiando tu forma de pensar, sentir y hacer para que todo sea coherente con ella y, así, “poder quedarse” un poco más contigo. De esta manera, por ejemplo, cuando estás triste, ¿qué piensas? cosas tristes; ¿que haces? poca cosa, dado que la emoción te demandará inhibición, quietud.

La emociones son, en definitiva, como las olas del mar: suben progresivamente hasta la cresta y van disminuyendo poco a poco hasta el nivel inicial de base… Ahora bien: sí, son como las olas y vienen y se van… pero también pueden ser tsunamis: ¿y cómo dejan éstos la costa? ¿Quién se encarga de ordenar lo que queda?

¡Corta este “círculo vicioso”! Date cuenta de que no puedes dejarte llevar por lo que el cuerpo te pida en ese momento, tanto a nivel de conducta como a nivel de pensamiento: pon una pantalla entre tú y la emoción para ver qué quieres tú y ver qué quiere tu estado para evitar mantener la emoción negativa.

Recuerda: Tú sientes lo que sientes, no eres lo que sientes.

Siente la emoción, explórala, capta el mensaje que te envía, reflexiona, respira… y reconduce la situación hacia una que impulse una emoción más placentera.

Pero… un momento. ¿Hay emociones “buenas y malas”? ¿Es la tristeza “negativa” y la alegría “positiva”?

Realmente, si sientes tristeza… ¿Qué problema hay? ¿Sería posible plantearte esta emoción como el paso necesario para aprender a valorar personas, situaciones y estados (como el bienestar y la salud) que tal vez no acabes de valorar en tu día a día? ¿Es viable plantearte por qué no aprovechar esta emoción y el aprendizaje que sacas de ella para reconectar con tus valores, planes de futuro y entorno y así continuar más fuerte, con más bagaje, hacia la felicidad?

La alegría no es contraria a la tristeza, ya que es posible pasar por la tristeza para ser feliz. ¿Por qué no entender la felicidad como un sentimiento de aceptación y compasión que te lleve a una mejor versión de ti mism@? ¿Por qué no escoger ser feliz sin más motivo que el de querer serlo o, simplemente, sin más? Porque llueve, porque hace sol, porque sí… Todo sale de ti. No es exterior. Tu lo creas y te recreas.

Puedes.

¿Te ayudamos?

Artículo de Guillermo Parra, tu psicólogo :)