Otra vez. Ha vuelto a pasar: una discusión que, lejos de ser constructiva, ha acabado con las dos partes (o una, la tuya, como mínimo) heridas. Ahora, en frío, piensas. “No debería haber dicho eso”, “no debería haberlo dicho así”, “no sé cómo hemos acabado así, si era una tontería”, etc. Es duro. Hace daño. Ya ha pasado, no se puede hacer nada, salvo intentar recuperar la normalidad y procurar que no vuelva a pasar. ¿Cómo lo hacemos?

A la hora de expresarte, tienes diversas opciones que pueden resumirse en un estilo agresivo, un estilo pasivo y un estilo asertivo. Pongamos un ejemplo: sales a comer o a cenar fuera y te traen un plato que no se corresponde con lo que has pedido y que, de hecho, no te apetece especialmente. ¿Qué haces?
a)     “¡Me levanto con toda la rabia del mundo y exijo hablar con el/la encargad@! Inadmisible!”

b)     “No digo nada, no quiero molestar, mejor me lo como y a ver si no me sienta mal luego (de ser así tampoco diría nada, claro)”. 

c)     “Entiendo que es un error y llamo al camarero y así se lo comento y le pido que me lo cambie.”

Un estilo agresivo de comunicación es aquel basado en la imposición de tu criterio, opinión o parecer, rígido, no abierto a ser consciente de que existen otros puntos de vista o posibilidades y que suele acompañarse de un volumen elevado de tono de voz, una habla a veces precipitada, tajante, haciendo interrupciones, insultando, etc. es decir, no sólo no te garantiza que te entiendan, sino que alejas posturas… y piensas que la gente no se te acerca (piensa: ¿se lo permites?).

Un estilo pasivo de comunicación, por el contrario, es aquel basado en la poca o nula capacidad de expresar tu opinión, pretendiendo evitar todo conflicto, llegando incluso a asumir como propio el punto de vista de otra persona pese a no estar de acuerdo. Normalmente el tono de voz es bajo, escueto y resultará en la sensación de incompetencia y vacío a la hora de hacerte entender… o pensar que nadie te entiende (piensa: ¿te explicas?).

Busca un estilo asertivo: habla de manera fluida y con un tono de voz variado pero con un volumen estable, sin imponerte, con seguridad, sin bloquearte y mirando a los ojos, directament, no desafiante. La asertividad se define como la habilidad de expresar tu punto de vista y de ratificar tus intereses sin negar los de los demás, es decir, saber expresarte y ser capaz de respetar tus convicciones, siendo capaz tanto de decir “no” como de pedir que hagan cosas por ti sin pensar que es invasivo (sin serlo, claro).

Por supuesto, ten presente que emplear un estilo asertivo no te da la razón, sino que te permite compartir y dar a conocer tu opinión y punto de vista, correctos o no: ¡todo el mundo tiene derecho a equivocarse! ¡Tú también!

Ahora recuerda la última discusión, la última vez que sentiste que “pisabas” o que te “pisaban”… ¿Qué hiciste? ¿Cómo fue? ¿Podría haber sido de otra manera? ¿Podría haber acabado mejor para las dos partes? Seguro.

¡Pruébalo!

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