«Ansiedad«. «Estrés«. Son conceptos que a menudo utilizas  y, seguramente, de una maneratotalmente justificada. ¿Cómos podrías no conocerlos? Tienes más que presentes sus síntomas: tensión muscular, malestar general, nervios, rumiación (el «run-run» en la cabeza, darle vueeeltas y vueeeltas a las cosas), etc. pero… ¿Sabes para qué sirven? ¿Te preguntas por qué has de sufrirlos, si son tan «negativos»? Adéntrate en la respuesta, pero te avanzo una idea: ¡porque puedes!

Lo primero y esencial es, grosso modo, diferenciar estrés de ansiedad: el estrés podríamos definirlo como la reacción física y psicológica ante una situación potencialmente «peligrosa» que dispara nuestro sistema de alerta y nos prepara para enfrentarnos a ella; la ansiedad podría entenderse como la reacción de estrés sostenida o presente a pesar de la ausencia de un estímulo potencialmente estresante. Es decir: estrés es tu reacción ante un peligro; ansiedad es mantener esa reacción aunque no tengas el peligro delante. Por lo tanto, para empezar hay que entender que el estrés, per se, no es no sea malo y sea bueno, ¡es que es necesario!

Veámoslo con algo de perspectiva. Tiremos atrás en el tiempo, pongamos… 80.000 años, por ejemplo. Vives en una cueva y, mientras tus compañeros homínidos de manada duermen, a ti te ha tocado hacer guardia para mantener encendido el fuego que, ¡ojo! no sabéis cómo crearlo, sólo sabéis mantenerlo. Por otra parte, la tribu vecina, con sus palos, piedras y el humor típicamente bajo fruto de pasar frío y comer crudo, está al acecho: ellos no tienen la suerte de disponer de esa cosa que da calor, luz y un toque delicioso a las viandas. También, claro, debes proteger la cueva de unas bestias depredadoras que también tienen hambre y que sí, en el s.XXI, en fotografías y recreaciones artísticas bien parecen espectaculares y bonitas pero ahora, sentad@ sobre una fría piedra con una lanza rudimentaria (¡con suerte!) como arma en la mano, a la luz de la luna y de una raquítica hoguera, bien podemos decir que dan miedo o, como poco, son motivo de inquietud. ¿Qué haces, pues? ¿Cómo sales de esta situación? Necesitas activación. Tensión. Estrés: un estado contrario a la relajación, un sistema de reacción que te permita estar alerta ante estos y otros peligros y, como hemos comentado, afrontarlos. Si no huyes o atacas, si te duermes o no haces nada: adiós fuego, adiós tribu, adiós especies y adiós a poder leer estas líneas.

«¿Y qué tiene que ver conmigo, a día de hoy, todo esto?», te preguntarás. Pues verás: resulta que esos mecanismos cerebrales, que te adaptaban y ayudaban a sobrevivir en aquellas circunstancias, son los mismos que tú y yo tenemos a día de hoy. Ya no tenemos tribus envidiosas ni agresivas; no tenemos a la vuelta de la equina depredadores carnívoros… Pero tenemos exámenes, trabajo, etc., es decir, diferente entorno, diferentes necesidades, pero las mismas reacciones. ¿Te levantarías de la cama para madrugar e ir al trabajo sin activación? ¿Estudiarías para ese examen sin ese punto de tensión? Este estrés como respuesta adaptativa te pone en marcha, te activa, lo necesitas para rendir… ¡pero en la medida adecuada! Si es la idónea, te pondrás nervios@ en el examen, pero te habrá hecho estudiar antes y te permitirá hacerlo y aprobarlo. Si es demasiada:

  1. Te puede bloquear física y mentalmente;
  2. Si se mantiene generará ansiedad, es decir, pasarás de un estado de tensión puntual y necesaria para una acción concreta a un estado crónico (se alarga en el tiempo) y/o sobregeneralizado (se dispara ante muchas situaciones);
  3. Al tener el mismo cerebro y los mismos mecanismos de respuesta, estamos predispuestos a la posibilidad de reaccionar ansiogénicamente ante estímulos, situaciones o personas que «no deberían» hacernos reaccionar así, dado que aparentemente no son peligrosas (he aquí un indicio de los que son las fobias).

La actividad física y una buena nutrición, que mantengan el cuerpo en óptimo estado pueden ayudar al manejo del estrés y la ansiedad. Si no, existen técnicas de relajación, estilos de afrontamiento y otros métodos y herramientas eficaces a tu alcance consultado los profesionales adecuados.

¿Te ayudamos? ;)

Artículo de Guillermo Parra, tu psicólogo :)