¿Qué sabes de adicciones y cerebro? Para entenderlas, podríamos hablar de las bases bioquímicas y neuroanatómicas que sostienen y regulan los mecanismos de placer y, en consecuencia, las bases de toda adicción; podríamos zambullirnos en procesos cerebrales donde destacaría la dopamina como neurotransmisor y el área tegmental ventral como núcleo clave… Pero quedémonos con que todo lo que genera placer es susceptible de generar adicción. ¿Cómo? Bueno, supongamos que tienes un negocio

Pongamos que tienes un bar musical, que recibe clientela variada y selecta que, de acuerdo con esta analogía, se personificaría en todo lo que te genera placer: família, amistades, comida, deporte, sexo, hobbies, etc. No siempre tienes el negocio lleno, está claro: hay días en que la caja es flojilla y otros en los que ingresas incluso más de lo previsto. Pero se mantiene. Vas tirando. Y, no solo eso, sino que el «boca a oreja» hace que esta clientela fiel recomiende tu negocio, lo cual lo mantiene siempre con clientes, si no unos, otros. Todo en orden.

Sin percatarte siquiera, aparece un nuevo de cliente. Sabías que existía, posiblemente incluso alguna vez había entrado en tu negocio. Poco a poco, empieza a ser asiduo y, cada vez que viene, la caja revienta. No se porta bien con el resto de clientes habituales, ensucia todo… pero deja mucho dinero. Con el tiempo, este cliente (¿adivinas? en esta analogía sería el alcohol, drogas, juego, etc.) pasa a ser no solamente el habitual, sino que se vuelve tu única fuente de ingresos. Normal: el resto de clientes (familia, amistades, comida, sexo, hobbies, etc.), a quienes normalmente incomoda, o ya no vienen o, si vienen, el dinero que te dejan es mínimo, ya que no se quedan mucho tiempo y es insuficiente, en comparación con lo que se deja este nuevo cliente. En definitiva: ya dependes de él. Y, posiblemente, no vendrá sólo. Si el local está disponible, ¿cómo no traer a otros como él o similares?

Un dia, atiendes a lo que te dicen tus compañeros, los dueños de otros locales que ven como ha ido empeorando tu negocio. Así, prestas atención a sus consejos y reflexionas acerca de cómo tienen razón cuando te dicen que la anterior clientela era la buena y que era suficiente para mantener tu negocio.  Así, tras hacer crítica y analizar que sí, igual ahora tu negocio funciona, pero a precio de que cada vez que viene este cliente te deja el local patas arriba y cada vez te supone más esfuerzo volver a abrir en el local condiciones, decides poner fin. Cargado de temores, decides dar el paso  y echar a ese cliente y le prohíbes la entrada de nuevo, antes de que te sea imposible recuperar la normalidad en tu negocio. Decides reciclarte. Regenerarte. ¿Qué puede pasar?

  • Te encuentras con un local vacío… con los costes que eso te supone;
  • Debes iniciar la recaptación de los antiguos clientes, algunos de los cuales se mostraran recelosos (¿igual te has creado cierta fama?) o, aceptémoslo: quizá no quieran volver a entrar;
  • Tienes que de buscar clientela nueva y poner 24 horas un vigilante de seguridad  (tú mism@) en la puerta, que vigiles bien que no se te cuelen de nuevo indeseables.

De este modo, con las licencias  advertidas al inicio, funcionan las adicciones: un estímulo determinado se vuelve necesario para proporcionarte la sensación de placer (dependencia) y, con el tiempo, no sólo puede acabar siendo la única manera de obtenerla sino que cada vez es necesaria más cantidad para lograr sensaciones similares (habituación). En este proceso, el entorno es clave, dado que puede ser la piedra angular de toda recuperación, como soporte y guía… o el mayor impedimento para la misma, mediente el rechazo y el mantenimiento del estigma.

Es difícil. Es duro. Es posible.

No tienes que hacerlo sol@.

¿Te ayudamos? ;)

Artículo de Guillermo Parra, tu psicólogo :)