Hoy es uno de esos días, ¿verdad? Ya te los conoces. El espejo es testigo, fiel descriptor y traductor de tus pensamientos: “esto podría ser así”, “esto no debería ser así o de esta manera“… En todo caso, pones rumbo al trabajo o a estudiar y allí te desenvuelves correctamente, pese a todo. O puede ser al revés: en casa te ves bien, pero te sientes incapaz en el trabajo o estudiando. Puede, incluso, que sientas ambas cosas. ¿Veredicto? “Tengo la autoestima baja”.

Pregúntate: ¿cuál es el estado opuesto? ¿Como llegarías a él? ¿No equivocándote? ¿Haciéndolo todo bien? ¿Teniendo un físico perfecto? Plantéate si sientes a menudo una “alta autoestima” o, en todo caso, si la disfrutas y piensas en ella tanto como cuanto te sientes con la autoestima baja. ¿Te es más fácil verte defectos y carencias? ¿Deberían estos aspectos desaparecer para dejar de sentirte así?

He aquí una propuesta: deja la autoestima y sus criterios excluyentes, buen@ o mal@, y echa un vistazo y toma conciencia de una nueva opción: autoacéptate. La autoaceptación no es incompatible con la voluntad de mejorar competencias, físico, etc. sino que es una herramienta que te permitirá disfrutar de un estado agradable y constructivo general. Asimismo, no se trata de compararse con nadie, dado que nadie es mejor que nadie por mucho que se tengan virtudes y defectos dispares. ¡Replantéate el modo de verte y vivirte! ¿Cómo? Veamos algunos ejemplos:

  • Críticas: si son hacia ti y son injustificadas (ejercicio: pregunta a tu entorno al respecto de las mismas: ¿está de acuerdo?), es un malestar innecesario; si son justificadas, aprende, corrígete y evalúa objetivamente las consecuencias de tus debilidades, errores y fracasos. ¿Tan grave es, que te cuesta el bienestar?
  • Éxitos y fracasos: ¿cuánto tiempo dedicas al día a pensar en lo que no hiciste o lo que no hiciste como querías o como “deberías”? ¿dedicas el mismo tiempo a elogiarte o a recordad tus éxitos? ¿Qué tal dejar de gastar el 90% del tiempo en pensar en el 10% que “no va bien”?
  • Perdón: ¿es posible que seas más exigente contigo que con l@s demás? Si te piden perdón y perdonas sinceramente, ¿no te sientes mejor? ¿No sientes compasión, piedad, empatía, etc. por la gente que se equivoca y procuras aligerar su carga emocional? ¡Aplícatelo!

En definitiva: no te juzgues, conócete y comprende que, efectivamente, tienes debilidades, te equivocas y fracasas… y no sólo no tienes todo el derecho del mundo, sino que puedes llegar a sentirte tan cómod@ con ello como puedes disfrutar de tus fortalezas, éxitos, virtudes y puntos fuertes. Todo eres tu. ¡Disfrútate!

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